Identidad no esclarecida

Se planearon dos etapas para la metodología de estudio. En la primera etapa se disecó y eliminó todo el tejido blando adosado a la osamenta del cadáver para facilitar la observación de las características morfológicas, en la segunda etapa se decidió realizar un análisis detallado de los indicadores estándar en el área de la criminalística, pelvis y cráneo para inferir el sexo del cadáver.

El análisis de la pelvis se basó en los criterios de Phenice 1; y el de cráneo, por los criterios de Buikstra y Ubelaker 2. Resultados: dentro de los hallazgos morfológicos del hueso pélvico, se encontró que la escotadura ciática mayor y el ángulo púbico son de menor tamaño. Además en el cráneo se observó que era grande y pronunciado. La protuberancia occipital externa está prominente.

La apófisis mastoides está grande en volumen y se extiende pasados los márgenes inferiores del conducto auditivo externo. El borde supra orbitario y la glabela están levantados y pronunciados y van de un tamaño mediano a grande. La protuberancia mentoniana es gruesa, prominente, cuadrada y bien definida. Conclusión: después de analizar la morfología en el hueso pélvico y el cráneo de este cadáver momificado, y con base en los criterios de  estándares, se llegó a la conclusión que era de sexo masculino.

En lugares donde el análisis de ADN para la identificación de restos esqueléticos sigue siendo de difícil acceso, el método estándar utilizado para la determinación de edad y sexo de cadáveres está fundamentado en las características osteológicas propias de cada sexo y edad, las cuales se basan en criterios establecidos para evaluar el desarrollo y la morfología ósea propias de cada grupo. La morfología de los seres vivos no ha evolucionado en gran medida, a tal grado que su estudio ha sido extremadamente profundo. Las técnicas o métodos utilizados son muy variados; existen métodos métricos, dermopapiloscopicos, estomatológicos, químicos, fotográficos, radiológicos y plásticos. Estos por si solos o en conjunto ayudan a realizar determinaciones que apoyan a las investigaciones y en su gran mayoría, las resuelven.

Existen registros con evidencia de que el cráneo nos puede revelar la edad y el sexo, mediante el análisis de sus componentes óseos, así como los dientes que pueden revelar patologías presentes o también corroborar la edad de una persona. Las extremidades inferiores son usadas para determinar la estatura, así como la pelvis es examinada para auxiliarnos con la determinación de sexo, edad, y en el caso de una pelvis femenina, nos puede revelar si tuvo hijos por vía vaginal y cuantos tuvo.

En 1969 Phenice, después del análisis de una muestra de 275 individuos, estableció un método para clasificar de manera sencilla el sexo, logrando clasificaciones correctas hasta en un 95%, analizando tres indicadores del pubis, el arco ventral en la superficie del pubis, la concavidad subpúbica y el aspecto medial de la rama isquio-púbica; dicho método fue modificado, años después por Buikstra y Ubelaker, quienes determinaron que la expresión de la escotadura ciática mayor en el coxal, es uno de los más fiables para dicha determinación, enumerando dichas características del 1 al 5; donde 1 es usado para sexo femenino con una medición igual o mayor a 68 grados, y 5 para los hombres con una medición que va desde menor de 68 grados a igual o mayor a 30 grados. Rogers y Sanders han indicado que cuando la escotadura ciática es usada como indicador para determinar el sexo es casi 85% precisa. Otros estudios también sustentan el método de Phenice, en cuanto al análisis del arco ventral, en los hombres con tendencia sugestiva a forma de corazón y en las mujeres en forma circular; Sutherland y Suchey reportaron que el arco ventral por si solo ha probado ser 96% exacto cuando es utilizado como única marca ósea para determinar el sexo. En cuanto al ángulo subpúbico, este tiende a ser menor a 90 grados hombres y en la mujer mayor a 90 grados.

Otro método para determinar el sexo y que se basa en el análisis del cráneo, es el descrito por Brothwell, el cual se basa en las diferencias absolutas entre hombres y mujeres, dividiéndolo en tres complejos morfológicos (cara, mandíbula y base) para establecer las diferencias entre hombres y mujeres. Se realiza una modificación a los parámetros anteriores para establecer 5 indicadores para el análisis morfológico del cráneo, comenzando por la protuberancia occipital externa la cual en los hombres es fuerte y pronunciada mientras que en las mujeres es débil, tanto que podría parecer ausente. Un segundo indicador es la apófisis mastoides, la cual en las mujeres es pequeña y no sobrepasa el conducto auditivo externo, lo contrario a lo observado en los hombres. Como tercer indicador tenemos el área comprendida por el borde supraorbitario y la glabela, áreas que se encuentran levantadas y pronunciadas en los hombres mientras que en las mujeres son menos pronunciadas. Por último la protuberancia mentoniana es gruesa y bien definida con un mentón prominente y algo cuadrado en los hombres, mientras en las mujeres la protuberancia es delgada y sin proyección alguna.

Lamentablemente, la ciencia forense es relativamente nueva y aún faltan muchas más técnicas y métodos por establecer. Uno de estos métodos es la limpieza de una osamenta. El método que se debe aplicar en cada caso particular, dependerá de la experiencia o la preferencia del investigador, perito o médico forense. Los métodos más utilizados para limpieza de osamenta que garantizan una correcta identificación morfológica son muy variados. El laboratorio del Departamento de Arqueología y Ciencias Forenses en la Universidad de Indianápolis utiliza el método de hirvición para la limpieza de huesos. Otras técnicas disponibles son la maceración, raspado, el uso de químicos o enzimas así como también el uso de cloro en algunas ocasiones es también utilizado. Una técnica alternativa que consiste en sumergir los huesos en peróxido de carbono como un método rápido, eficaz y a bajo costo. El propósito de esta investigación fue determinar el sexo de un cadáver momificado no identificado mediante observación de las características morfológicas.

Se decidió estudiar las características morfológicas de un cadáver momificado no identificado, que se encontraba en calidad de préstamo para fines educativos, en las instalaciones del Anfiteatro de la Escuela de Ciencias de la Salud de Valle de las Palmas de la Universidad Autónoma de Baja California, previa autorización y evaluación del comité de ética de SEMEFO del Estado de Baja California. Al recibir el cadáver en las instalaciones se desconocía el sexo y la edad.

Para su estudio, se planearon dos etapas para la metodología de evaluación morfológica. En la primera se realizó extracción de la osamenta del resto de tejido momificado; en esta etapa se disecó cada hueso, eliminando todo el tejido blando adosado a la osamenta del cadáver para facilitar la observación de las características morfológicas óseas.

Para el estudio morfológico se contó con el cráneo, y las vértebras cervicales, que se encontraban previamente limpias y separadas del cuerpo, por cuestiones de recolección e investigación forense previa a su arribo a la unidad universitaria. Los huesos del carpo, metacarpo y falanges de ambas extremidades superiores se encontraban ya separadas del resto de la osamenta, por el propio proceso de momificación. En la extremidad superior izquierda, se apreciaba que las uñas estaban pintadas de color rojizo.

La columna dorsal, lumbar y sacrocoxígea fueron disecadas y extraídas del tejido momificado, al igual que los huesos coxales, ambos fémur, tibias y fíbulas, así como las costillas, ambas escapulas, clavículas, humeros, radios, y ulnas.

Cabe mencionar que, los huesos del tarso así como los del metatarso y sus falanges, fueron conservados a manera de bota con el tejido momificado, como fue encontrado el cadáver originalmente, por su impresionante conservación anatómica.

En la segunda etapa se realizó un análisis detallado de los indicadores estándar en el área de la criminalística, evaluando específicamente los huesos de la pelvis y el cráneo, para inferir el sexo del cadáver.

Primeramente se procedió a realizar el análisis comparativo de los huesos pélvicos, en el cual se observó que la escotadura ciática mayor es menor que 68 grados y morfológicamente cae en la clasificación 5 de Buikstra y Ubelaker . La comparación del arco ventral presentaba tendencia a forma de corazón y el ángulo subpúbico presentó una angulación menor a 90 grados.

Después, en el cráneo se observó que la protuberancia occipital era más grande y prominente. La apófisis mastoides se observó que es de gran volumen y que se extiende después de los márgenes inferiores del conducto auditivo externo. En cuanto al borde supraorbitario y la glabela se encontraron levantados, pronunciados, y de un tamaño mediano a grande. Y por último la protuberancia mentoniana se encontró gruesa, prominente, cuadrada y bien definida.

Después de analizar la morfología en el hueso pélvico y el cráneo de este cadáver momificado y con base a los estándares ya mencionados, se concluyó que era de sexo masculino. Lo anterior permite demostrar que teniendo una limpieza de osamenta adecuada y observando detalladamente las características morfológicas del cadáver podemos realizar una inferencia del sexo de manera sistematizada.

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