Sistemas de Calibres para Cartuchos de Armas de Fuego

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El calibre de un arma de fuego es el diámetro interior del cañón en relación con el diámetro del proyectil usado en él.

El stopping power medio (poder de parada) de cada munición es la capacidad de una bala para derribar al blanco de un disparo. Por norma, a mayor velocidad y peso de la bala (energía), y mayor calibre o deformación de la bala (más superficie de impacto que transmita esa energía), mayor poder de detención. Se considera al .45 ACP un calibre capaz de derribar de un disparo a cualquier hombre, y en Estados Unidos, tras cierta polémica con la capacidad del 9mm Luger, este se ha visto superado por el más contundente .40 S&W, que está en un punto intermedio entre los dos antes citados.

Principalmente se suelen utilizar dos procedimientos para referenciar el calibre en las armas de fuego, uno mediante el calibre real y el otro mediante el calibre nominal.

El calibre real se obtiene midiendo el diámetro interior del ánima del cañón. Se expresa en milímetros cuando utilizamos el Sistema Métrico Decimal, y en centésimas o milésimas de pulgada cuando se utiliza el Sistema Anglosajón de pesos y medidas. Esta medida se toma en la boca del cañón y como norma general, en el caso de las armas de ánima rayada, será la medida entre dos campos sin tener en cuenta las estrías. Pero cuidado, aquí tenemos que tener siempre en consideración que si medimos el diámetro del proyectil veremos que este es siempre mayor que el diámetro del ánima del cañón entre una y tres décimas de milímetro (o una milésima de pulgada); por eso, una cosa es el calibre real del arma y otra el diámetro del proyectil que esta utiliza.

En cuanto al calibre nominal, se trata de una medida o norma convencional que sólo tiene una relación indirecta con el diámetro real del ánima del cañón. Un ejemplo de esta forma nominal para denominar calibres la tenemos en la utilizada para designar el calibre en las escopetas. Es la más antigua y proviene de la época en que las armas eran de avancarga y se cargaban, por la boca de fuego, con una bala esférica única y de igual diámetro que el ánima del cañón.

Convencionalmente, cuando se obtenían 12 balas a partir del plomo contenido en una libra inglesa (453,59 gramos) se decía que la bala era del calibre 12; si las que obtenían eran 20, el calibre sería el 20. Posteriormente el calibre de la bala pasaría, por extensión, a designar el calibre del arma.

A excepción de las escopetas que continúan rigiéndose por esta norma, con la aparición en 1849 de la bala cilindricocónica u ojival (bala Minié), se deja de calibrar las armas contando el número de balas que se obtienen de una libra, pasando a designarse utilizando el calibre real del ánima del cañón.